miércoles, 28 de marzo de 2012

Sobre el Mitfahrengelegenheit, el no-límite de velocidad en las autopistas alemanas y mails inoportunos.

Hará unos quince días me fui a hacer mi primer viaje por tierras alemanas después de muuucho tiempo. El motivo era la visita a Marta Farré, que se encuentra resumida aquí, aquí y aquí.

Allá por 2009, y de puñetera casualidad, descubrí la página http://www.mitfahrgelegenheit.de/ , la cosa mas útil ever. Así muy resumido, esta web te permite viajar por toda Alemania (y Europa en general) de forma MUY barata.

¿Cómo?  Compartiendo coche o en su defecto billete de tren. Si esto se popularizase en España, lo primero que pensaría yo –mujer cauta y desconfiada donde las haya- al ver anuncios como: ‘Viajo de Berlín a Luneburg día tal hora tal precio tal con el coche tal de color tal’ (la oferta que aproveché yo), es: ¿Qué depravado/violador/asesino en serie quiere llevarme en coche?

Pero esto es Alemania. Aquí uno no desconfía de nadie. Amigos, si se es un poco cleptómano, este es el país donde ir. Para muestra un botón: resulta que CADA vez que piso el Netto (supermercado) de debajo de casa, al salir pita la alarma antirrobo. He probado entrando con tres bolsos diferentes, hasta fui un dia con una bolsa de tela y el monedero sin más, así que no sé qué coño es lo que hace que pite –por descarte solo quedan dos cosas: los zapatos o el preservativo que llevo siempre en el monedero, que en un país con tanto alemán de metronoventa suelto, una nunca sabe dónde va a acabar y mujer precavida vale por dos-. Y a pesar de pitar cada día, NUNCA me han pedido que les enseñe lo que llevo en la bolsa. Así es que me estoy planteando aprovechar la situación y empezar a robar. Pero esta es otra historia.

A lo que iba. Hablé con una chica que viajaba el mismo día que yo a Lüneburg y quedamos en encontrarnos en Hauptbanhof para ir en su coche –ford rojo de los ochenta-  hasta allí.

Hasta aquí todo bien. Llegué y compartíamos viaje con otras dos personas. Tres horas de coche y vería a Farré después de casi mes y medio. El pequeño detalle que había olvidado es que en Alemania NO HAY LÍMITE DE VELOCIDAD. Lo que la colega conductora se tomó muy en serio, pues no bajó de los 160 en lo que duró el viaje. Parece que la chica tampoco sabía muy bien que hay cosas como la ‘distancia de seguridad con los otros vehículos’ o ‘frenar si ves que el coche de delante frena’. Total, estaba yo en el coche súper aburrida y asustada por la excesiva temeridad de la susodicha y empezé a repasar gmail –soy una lista y me puse internet en el móvil, muy útil para estos casos- y me llega un mail de la oficina de intercambios de Barcelona con una copia del seguro de REPATRIACIÓN DE CADÁVER Y ACCIDENTE que contraté hace unos meses. En ese momento sentí PÁNICO, pues la tía seguía dándole duro al gas, no paraba de fumar, cambiar CD’s y tocar los botoncitos de la calefacción sin mirar a la carretera.

Al final todo acabó bien, no nos matamos ni nos estrellamos, pero puedo jurar que nunca en mi vida me había alegrado tanto de ver a Farré. 

Moraleja que saqué de todo esto: Viajar, SÍ. Pero en tren (la vuelta la hice en tren compartiendo billete, tardé unas dos horas más pero mis chakras no se desequilibraron como lo hizo la loca del coche rojo).

PD: Voy a bajar ahora mismo al Netto solo con dinero y con otros zapatos, a ver si de una vez por todas dejo de pitar. 


*Editado para decir que: he bajado al Netto y NO HE PITADO! 

1 comentario:

  1. Buena historia, ha tenido momentos trepidantes a la par que graciosos. te pongo un 7'8.

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